Las Deudas Que Afectaron Mi Vida

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En mi pais a las personas que recorren las calles ofreciendo y vendiendo a la gente su mercaderia se les llama “casero” y quienes les compran se convierten en sus caseras o caseritas.

Cuando tenia 18 años me tomaron una foto en la esquina de la cancha de fútbol que quedaba cerquita de mi casa. En esa foto aparecía luciendo un vestido rosado. Nunca antes vi esa foto, hasta que hace unos meses entré en Facebook y abrí un mensaje recién enviado. Era de mi amiga quien la tenia en algun lugar de su casa. En el mensaje me decía:-“las encontré!… -“Más bien, las encontraron”-.

¿Qué encontraste? Le pregunté- Las fotos y la del vestido rosado! ¿Y quién las encontró le pregunté? -¡Pedro! Me respondió (su esposo el fotografo de antaño) 😉

Al verlas le dije ¡Oh my gosh, no puedo creer que estuviera tan delgada!!… Fue lo único que se me ocurrió decir. 😀  Y  no era una sino tres fotos más, que no recordaba. Al mirarlas detenidamente vinieron a mi memoria recuerdos especiales.

Ahí estaba la recordada foto del vestido rosado que nunca había visto. La observé detenidamente y me fijé en los zapatos que llevaba puestos ese dia. Al verlos recordé también la experiencia que me ayudó a ser cuidadosa en cuanto a las deudas y las compras impulsivas; e inevitablemente recordé a Don Carlos…

En ese tiempo cada sabado Don Carlos el casero, aparecía en nuestro vecindario en su blanca camioneta Fiorino; en ella cargaba todo tipo de mercaderia para las caseritas, “nuestras madres”.

Don Carlos era un hombre amable y símpatico. Cuando llegaba a su parada habitual y su punto estratégico, entre mi casa y la de la de mis amigas- se bajaba tranquilamente y abría la parte de atrás de su impecable camioneta. Poco a poco las caseritas empezaban a llegar para ver la mercancia. Don carlos traía todo tipo de enseres para la casa, ropa de todas las tallas y también zapatos.

Mientras unas vecinas se sentían afortunadas de ser las primeras en estar cerca de las puertas de la Fiorino, las mamás de mis amigas también iban apareciendo poco a poco para ver que traia Don Carlos para ellas; y cuando no veian a mi mamá me decian. -Marisol!- anda a buscar a tu mami y dile que ya llegó don Carlos, y en unos minutos ahí estaba mi mamá. 😉

Entre conversaciones y risas, todas las mamás de mis amigas se llevaban algo que “necesitaban” y que el bueno de Don Carlos se las llevaba hasta la misma casa. Ellas se iban felices cuando Don Carlos les traia sus encargos mientras  yo me ponia nerviosa porque sabía que mi mamá siempre compraba “cosas que necesitabamos” y otras que no tanto.

Me ponia nerviosa porque sabía que no le alcazaria el dinero para pagar esas cosas, aunque fueran en cuotas y, porque era yo quien tenia que responder a los cobradores cuando aparecian durante la semana montados en sus motos oscuras golpeando las puerta del vecindario.

Madres e hijas sabiamos la rutina de los cobradores, y a la hora que pasaban no se veia ni un alma en el vecindario aunque una que otra vecina de repente abria su puerta.

Odiaba esos dias cuando mi madre tenia que trabajar y yo tenia que responder por ella. -Busco a la señora Maria decian; y yo, toda roja de verguenza les respondia que no estaba. ¿Habrá dejado la cuota de…?

Muchas veces sabiendo que no habia dejado el dinero, les decia, -“No creo, pero voy a ver”-.  Después volvía y decía. -¿Sabe? no dejó nada-.

-“Bueno, -¿Puede decirle que vino el cobrador de don Carlos y que volveré tal dia?” -Ya! yo le digo y disculpe, les respondía con pena, y nerviosa cerraba la puerta.

Era raro que mi mamá déjara el dinero y peor aun, las deudas aumentaban cuando aparecian otros caseros golpeando nuestras puertas y nuevamente se corria la voz, para que vinieran a ver las novedades que el nuevo casero traia. Entre bromas y risas y alucinaciones por los variados productos, nuevamente algo se llevaban todas. incluida mi madre!.

Un dia con mis amigas nos acercamos a la camioneta de Don Carlos, y cómo estabamos trabajando ese verano, empezamos a mirar lo que traia y… Zas! ahí, estaban los zapatos que yo “necesitaba” (los de la foto). Don Carlos se dió cuenta que llamaron mi atención y me los mostró al reves y al derecho, y mientras me vendía la idea pensé para mi, -“Um, no sé si podré pagarlos, pero también me respondí- “Yo creo que podré hacerlo, total son en cuotas y creo que podré pagarlas”.

Contenta me fui con los zapatos a mi casa, me los probé con cuanto vestido encontré; y me convencí que me quedaban bien después de pegarles con el martillo en la parte de atrás para que no me lastimaran arribita de mis talones y terminé sintiendome feliz con mis zapatos. 😀

Dias después los cobradores llegaron por mi también. Empecé a pagar las cuotas, las que ayudaban un poco a menguar el sentimiento de frustración de los cobradores por parte de mi mamá. Entoncés, se terminó el verano y también el trabajo.

La primera vez pude dar excusa por no tener el dinero de la cuota, pero más tarde como conocia la rutina del cobrador no abría la puerta. Pasé meses afligida angustiada y hasta enferma por mi deuda.

Un dia, alguien golpeó la puerta y abrí, era mi novio, entonces vi que también venia don Carlos. El muy amable como siempre nos saludó, y me habló sobre la deuda frente a mi novio. Pasé la vergüenza de mi vida!… Viendo como me sentía de avergonzada y afligida; mi novio le dijo, “Yo le pagaré la deuda”.-¡Más vergüenza sentí y no hayaba donde meterme!… En ese momento juré y me prometí, nunca más vivir este tipo de situaciones. Me hice la promesa de nunca más comprometerme con una deuda si sabía que probablemente, no podría pagarla.

así amablemente, Don Carlos me enseñó a no contraer deudas y esas experiencias y la promesa que me hice, me han ayudado a travéz de los años a ayudar a mi esposo “mi novio de entonces” a mantener una economia financiera sana en nuestra familia.

Ahora con los años agradezco haber pasado por esas experiencias siendo tan joven, porque aprendí a distinguir entre las necesidades y los deseos de comprar algo, aprendí a ser paciente y juntar el dinero para adquirir algo que me gustaba, aprendí a no traspasar mis responsabilidades financieras a mis hijas, aprendí a ahorrar para tiempos de necesidades y he podido ayudarle a mis hijas a no comprar a credito cosas que ni son tan importantes y que ni saben si podran pagar.

Reconozco que fueron muchos los sufrimientos por sentirme irresponsable y mentirosa siendo tan joven, y al recordar los sentimientos que albergué durante ese periodo de tiempo; no le doy a ningun hijo la experiencia de sentirse asi por no poder responder por las deudas adquiridas por los padres y que ellos deben cumplir.

Agradezco a mi amiga por tener presente compartir esa foto de antaño conmigo.

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