El VALOR DE UNA NIÑERA

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Por vocación, amor a los niños o necesidad; muchas mujeres salen de sus casas a otras, para trabajar como empleadas domésticas y para cuidar niños ajenos, porque necesitan  el dinero.

Mientras unas pocas son consideradas y queridas por sus empleadores, otras tienen que leer y saber, por ejemplo, cosas como estas  “Las empleadas domesticas no pueden acceder a la piscina- reservada para los socios, familias e invitados- y solamente pueden acompañar a los niños si visten uniforme o tenida que las identifique como tales”…

Que tal?

Leer este memo clasista, enviado a cada socio de un club de golf en mi querido país, me trajo a mi memoria una tibia mañana de sol, cuando tenia alrededor de diez años.

Tomada de la mano de mi abuela, caminamos por las veredas de mi ciudad en busca de una direccion que ella, llevaba escrita en un papelito.

Cuando la encontramos nos paramos frente a una puerta grande con aspecto antiguo; Despues de golpear, en unos pocos minutos la puerta se abrió, y unos ojos muy abiertos de sorpresa, trajo besos y alegria de una mujer joven, cuyos brazos abierto se cerraron en un gran abrazo hacia mi abuela; mientras exclamaba – “Mamita Rosa”.

La joven emocionada, nos guió por un pasillo y llegamos a la cocina, nos invitó a sentarnos, despues de la presentación de la niña (yo).

Los recuerdos de años pasados empezarón a aflorar,  y entre unas tacitas humeantes de café, las preguntas venian  de ambas partes.

Mientras ellas conversaban; yo sentada calladita junto a mi abuela, miraba las plantas,  escuchaba y miraba al loro verde ,que no dejaba de parlotear.

Me entretuve en esto, porque ahi estaban ambas mujeres; la niñera y una de las niñas que mi abuelita habia cuidado hacía años atras en una casa de “ricos”, como decia ella.

Fueron solo unos cuantos minutos. Al despedirnos, los ojos de mi abuela estaban humedos y la mujer joven pasaba una mano por sus ojos secando los ellas tambien.

Salimos de ahí; volví a tomarme de la mano de mi abuela, y caminamos hacia la parada del autobus para regresar a casa.

En ese paradero de autobus, me sentia “orgullosa” de mi abuela; porque ella había sido una empleada doméstica y una querida niñera.

Al recordar esta linda experiencia, también viene el sentimiento de molestia, por lo mal agradecidos y clasistas que son muchas de estas personas que tienen dinero,  cuyos hijos quieren como a una madre a sus “nanas” (niñeras).

Muchas niñeras marcan para siempre la vida de un niño, y muy posiblemente ese niño es más tarde lo que es, por el amor, el tiempo y enseñanza que su niñera le brindó.

Ojalá, tratemos de ser más agradecidos, con quienes cuidan o han cuidado a nuestros hijos.

Que tengan un lindo dia!

Marisol

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