El Amor Ante El Racismo

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Un dia acompañé a mi hija a la tienda del dolar. -¿Necesitas algo? me dijo, antes de bajar del auto. “No, le dije. Yo te espero” – Y ahí me quedé esperando en el auto con el bebé y esperando encontrar una buena historia para contar. Siempre aparece algo.

De pronto apareció, cuando ví venir caminando hacia la tienda a un joven de unos 25 años. Me llamó la atención de inmediato porque no es costumbre en Utah, que los hombres anden con el torso desnudo.  Era un chico guapo de mediana estatura, con piel dorada, abdominales fuertes y tonificados, tenía sus brazos medianamente musculosos, y en uno de ellos tenía grabado un tatuaje negro que hacía contraste con su pelo dorado tomado en una cola de caballo bien peinada.

Su caminar me recordó al faisán que ví una vez en el templo krishna de la ciudad; porque lo hacía con la cabeza y cuerpo bien erguidos. Sus pantalones de un gris oscuro los llevaba un poco más abajo de la pretina que mostraba la marca de su calzoncillo azul marino. 🙂

Sabía que había algo diferente en él y lo descubrí cuando ví que en el bolsillo izquierdo de atrás de su pantalón llevaba colgando bien planchada y cuidadosamente dobladita una bandera de los confederados, la seña inequivoca de que ese chico estaba o quería verse relacionado con el racismo y en cierto modo su actitud irradiaba un halo de la ideología del odio racial que ha afectado y a dañado tanto a este país a lo largo de su historia. La misma que una vez más tratan de revivir  aquellos que alguna vez fueron enseñados  sobre la superioridad por su “blancura”  y que a través de afiches, cartas, mensajes de odio e invitaciones tratan de ganar adeptos más jovenes para promover el miedo y perpetuar sus aberrantes creencias.

Cuando la cajera de la tienda, una mujer mayor lo vió entrar, y vió su bandera colgando lo siguió con su mirada y luego movió disimuladamente su cabeza. Pensé que, quizá en el fondo le daba vergüenza ajena ver a tal ejemplar americano. Un chico que quizas tendría la edad de alguno de sus nietos.

Es un poco chocante ver en este país a personas que creen ser superiores a otros porque tienen su piel pígmentada de blanco. Su creencia raya en lo absurdo cuando a través del tiempo; las migraciones de razas se han movido, se mueven y se combinan en todo el mundo. Razón por la cual muchos de estos supuestos raza pura, ni saben de qué están compuestos y grandes decepciones se están llevando cuando muy ufanos van a hacerse su test de ADN y éste les arroja como resultado que sus genes blancos están estrechamente mezclados a la perfección con genes africanos,  y que ambos y a veces otros, son parte esencial de su sistema.

No se dan cuenta que existen gracias a grandes historias de amor que han dejado fluyendo más adentro de su superficial pigmentación, genes que están ahí como un azote a su realidad.

Me gusta la cita del fallecido Presidente africano Nelson Mandela, compartida por Barac Obama ex presidente de éste país; al condenar los actos de vandalismos y odio racial que se suscitaron recientemente entre racistas y detractores.

“Nadie nace odiando a otra persona por su color de piel, su historia o su religión. Las personas aprenden a odiar, y si aprenden a odiar, también se les puede enseñar a amar, porque el amor llega más naturalmente al corazón humano que su opuesto”.

Me gusta saber que son muchos los que están en contra de éste tipo de mentalidad y que se oponen a la violencia racial.

Me gusta ver que en éste estado cada día comienzan nuevas historias de amor que culminan en la formación de grandes familias interraciales y las lindas amistades se gestan entre niños y jóvenes.

Me gusta ver las tradicionales fotos familiares enmarcadas que decoran las paredes y los muebles para compartir con amigos y visitantes,  el amor y respeto que sienten entre ellos, con sus diferentes edades, estaturas y nacionalidades.

Esas fotografías, son las hermosas decoraciones que he visto colgadas en las paredes de los hogares de este gran estado. Y verlas me hace sentir confianza en que estas ideologías de racismo, se pueden mantener  alejadas de mis descendientes, si como familia empezamos desde ahora a responsabilizarnos por enseñar a nuestros hijos a amar, respetar y mostrar caridad por quienes nos rodean.

El amor es el Don más grande y poderoso que existe en la tierra; para darle sentido, hermosura y felicidad a la vida de todos. Quizá por eso no reconoce fronteras ni color de razas-.

Marisol

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